domingo, 9 de enero de 2005

Las malas lenguas

Por MANUEL GUTIÉRREZ OROPEZA

En este México nuestro, tan relajiento pero al mismo tiempo tan ceremonioso, los títulos profesionales son algo así como un pase para vivir la vida desde un palco, pero también un moderno sustituto de los títulos nobiliarios que tanto encandilan a muchos mexicanos lectores de “Hola!” y asiduos a fiestas diplomáticas. Dime cuál es tu título profesional y te diré qué caravana te hará la sociedad.

Cuando a un fulano le preguntamos su nombre, nos dice muy orondo: “Ingeniero Juan Hernández”, como si desde recién nacido en su registro civil apareciera su nombre con todo y título. Abundan los doctores, licenciados, arquitectos, contadores y otros, que cuando no anteponen el título a su nombre se sienten desnudos, desprotegidos.

Pero el asunto cae en lo delirante cuando aparece el doctorado. Hay médicos que se molestan si no se les llama “doctor”, aun cuando no hayan recibido ningún doctorado. Nada: si no tienen doctorado, son médicos, no doctores.

También por una extraña razón, muchos dentistas se hacen llamar “doctor” o “médico”, cuando verdaderamente su título es de dentistas, aunque muchos arguyan que estudiaron medicina odontológica. Nada: aunque tengan nociones de medicina, son dentistas u odontólogos.

Y qué decir de los veterinarios; cierto que estudiaron medicina, pero enfocada a los animales, y por eso son veterinarios, no médicos veterinarios. Y ya en esto, hay zootecnistas (es decir, especialistas en la cría y desarrollo de los animales, que deberían ser llamados zootécnicos, pero en fin), que no necesariamente son veterinarios, aunque hay carreras que unen las dos vertientes.

Las buenas lenguas

Veamos la siguiente frase: “Mi cerveza está bien fría”. ¿Dónde está la incorrección”?

CLARO: No puede decirse “bien fría”, porque lo contrario de bien es mal, y entonces deberíamos decir: “Mi cerveza está mal fría”. Busque si la frase donde aplique “bien” puede llevar como antónimo “mal” (“Pedro está bien en esa respuesta” y “Pedro está mal en esa respuesta). Y sino es así, use el adverbio muy: Muy grande, muy bonita, muy inteligente; nobien grande, bien bonita, bien inteligente.

Libro abierto

Reflexiones para los jóvenes, de Adolfo Pérez Olivera. Edit. Instituto Politécnico Nacional. Éste es uno de los best-seller del Poli. Reúne en textos cortos, de manera sencilla y sin ampulosidad, diversas orientaciones, consejos y propuestas sobre la vida, la amistad, las relaciones familiares, los riesgos que presenta la juventud y otros asuntos que interesan a quienes apenas se están relacionando con el mundo.

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