Por MANUEL GUTIÉRREZ OROPEZA
De unos años para acá, la Real (jajajá) Academia de la Lengua Española se ha puesto de un suavecito que ni ella misma se aguanta: permisiva, optativa, ya no tan discriminatoria ni tan mocha ni tan anticomunista ni... bueno, no mucho. Pero anda irreconocible la momia agusanada esa. Nos da chance de usar nuestros americanismos y mexicanismos.
Pero aunque no quiera, nosotros hablamos como se nos pega nuestra regalada lengua.
Así, mientras ella sugiere que digamos “mejurge”, los mexicanos nos empecinamos en pronunciar “menjurje”.
Por favor, esa palabrita árabe úsenla como “anafe”, pero nos negamos y decimos “anafre” cuando nos referimos al aparato ese en el que preparamos o calentamos nuestros alimentos.
Y claro, alimentos “calientitos”, no calentitos, como insiste la Academia que escribamos.
La “Real” decreta que se escribe omoplato, como palabra grave con acento prosódico en “pla”. Pero aquí escribimos homóplato, con h y acento esdrújulo, faltaba más.
Las buenas lenguas
Veamos esta oración: “Guillermo festinó la derrota de Pumas”. ¿Festinar es sinónimo de festejar?
CLARO QUE NO: Aunque los políticos y periodistas deportivos así lo digan, en realidad “festinar” quiere decir: malversar, pero también apresurar, precipitar.
Libro abierto
México hacia el año 2025, Tomo I, coordinado por Alberto Montoya para el Centro de Estudios Estratégicos Nacionales. Edit. Instituto Politécnico Nacional. 792 pp. Investigadores de instituciones académicas más prestigiadas y de varias dependencias gubernamentales realizan una prospectiva de los principales problemas que tendrá nuestro país dentro de 20 años, con sus respectivas posibles soluciones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario