domingo, 3 de octubre de 2004

Las malas lenguas

Por MANUEL GUTIÉRREZ OROPEZA

No todos sabemos aplicar los gerundios. Para no caer en errores, muchos maestros de redacción de aconsejan no usarlos. Pero es tanto como pedir que en la cocina no empleemos el cuchillo para evitar herirnos. El gerundio es necesario es nuestro idioma.

Se usa adecuadamente cuando el verbo estar controla la acción del gerundio: “Amelia está probando el nivel del audio”; “Héctor estuvo escribiendo su artículo periodístico”.

También es adecuado el gerundio cuando indica el modo simultáneo en que se ejerce un verbo o como adverbio. Por ejemplo, cuando alguien dice: “Ayúdame a poner la mesa”, significa que entre ambos van a colocar los utensilios de comida. En cambio, si decimos: “Ayúdame, poniendo la mesa”, indica la manera en que se desea esa ayuda. Este es otro ejemplo de un gerundio que explica cómo se realiza un verbo: “Rosaura comenzó el programa leyendo las noticias del día”.

Pero aplicamos mal el gerundio cuando queremos que indique una consecuencia o efecto de un verbo o acción: “Ana Cristina compitió, ganando el primer lugar”. Para escribir con corrección, debe decirse: “Ana Cristina compitió y ganó el primer lugar. Otro uso inadecuado del geruncio: “Lourdes terminó la canción, quedando todos emocionados”. Para evitarlo debe escribirse: “Cuando terminó la canción, todos quedaron emocionados”.

Este es sólo un aspecto de los usos del gerundio. En otra ocasión volveremos al tema.

Las buenas lenguas

En la frase: “Hoy no escuché el noticiero”, ¿cómo debe decirse: “noticiero” o “noticiario”?

CLARO, al referirse al programa de noticias debe escribirse “noticiario”. En realidad, “noticiero” es la persona que da a conocer o lee las noticias.

Libro abierto

De domingo a domingo, conversaciones con Andrés Henestrosa, por Martha Chapa. 174 pp. El popular escritor oaxaqueño (que por desgracia es más conocido que leído) platica largamente con la pintora de las manzanas. Una sabrosa conversación en la que el autor juchiteco charla desde su llegada a México hasta nuestros días, y por donde pasan novelistas, poetas, políticos y otros personajes. Por cierto, hoy don Andrés anda con la salud muy quebrantada.

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