Por MANUEL GUTIÉRREZ OROPEZA
Es urgente que los mexicanos hagamos una revisión de toda la cultura prehispánica, porque está llena de errores de interpretación, lo mismo en la ciencia, en la religión y en toda la concepción de vida que expresaron los antiguos habitantes de este continente. Los españoles que “tradujeron” el mundo precolombino todo lo veían con prejuicios religiosos, sociales y científicos medievales, discriminatorios e imperialistas. Es preciso investigar y descubrir los auténticos valores de esa forma de entender el universo.
Baste observar cómo deformaron la toponimia, es decir, el nombre original de muchos sitios geográficos. El diccionario de aztequismos, de Luis Cabrera, nos da excelente información al respecto.
Por ejemplo, la actual Orizaba nada tiene que ver con el nombre que tenía en náhuatl, pero como los gachupines ni entendían ni querían entender (“¡El oro, majo, el oro es lo que importa!”), tergiversaron todo. Mire qué bonito nombre tenía: “Ahuilizapan”, que quiere decir “agua alegre” o “río de la alegría”.
Otro nombre desmantelado es Tacubaya, que originalmente era “Atlacuihuayan”, “lugar a donde se evapora el agua”.
¿Puede usted creer que Churubusco en realidad era “Huitzilopuchco”, como se llamaba el santuario del dios de la guerra, Huitzlopochtli? ¿Y que los españoles inventaron la tontería de Cuernavaca porque entendieron mal el nombre “Cuauhnáhuac”?
Si así estamos en los nombres, cuántos errores de concepción no cometieron los invasores gachupines en torno a la Piedra del Sol, el Juego de pelota, los supuestos templos prehispánicos y cuanta maravilla devastaron soldados, negociantes y monjes, que en fondo son lo mismo.
Las buenas lenguas
Veamos la siguiente frase: “Al fin aprehendí esa fórmula matemática”. ¿Se escribe con h o sin h intermedia?
CLARO: Se escribe sin h intermedia, ya que aprender es adquirir conocimiento por estudio o experiencia, y aprehender es privar de la libertad o capturar algo o a alguien.
Libro abierto
Lejos del Edén, la tierra, de René Avilés Fabila. Edit. Instituto Politécnico Nacional. 349 págs. Cinco historias que se empeñan en demostrar que el amor es un asunto ajeno al alma humana. Y para ello, el autor abre los mundos de la política, la ciencia ficción, la sátira y, sobre todo, el humorismo amargo y demoledor que es sello de creatividad en Avilés Fabila.
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