Por MANUEL GUTIÉRREZ OROPEZA
Las recientes elecciones presidenciales en Estados Unidos hicieron que se repitiera uno de los errores lingüístico-políticos en los que se cae en todos lados. Para referirnos a los habitantes de Estados Unidos usamos el gentilicio “americanos”, pero ellos son tan americanos como el resto de quienes nacimos en América: bolivianos, panameños, mexicanos, uruguayos, guatemaltecos, paraguayos, en fin.
Escritores como Carlos Fuentes; conductores como Gutiérrez Vivó o Ferriz de Con; políticos, cronistas deportivos, profesores, izquierdistas, panistas, limpiadores de parabrisas, Ahumada, la Titanic, los hermanos Atayde: muchos dicen “americanos” para referirse a nuestros vecinos del norte.
Pero, ¿cómo debemos llamarlos? ¿Norteamericanos? También los mexicanos del ombligo de la república pa’rriba somos tan norteamericanos como ellos y los canadienses. ¿Gringos? La verdad, es despectivo, y si no queremos que nos ofendan, no ofendamos nosotros. ¿Estadounidenses? Nosotros también lo somos, porque nuestro país se llama Estados Unidos Mexicanos. Pero... tal vez sea mejor llamarles así, pero con la contracción: estadunidenses. Al fin que para nuestro nombre oficial siempre usamos México, y en todo caso, nuestros antepasados se pusieron Estados Unidos Mexicanos como copia de Estados Unidos de América. Entonces, pues, ellos son estadunidenses, no americanos. Se firma y se cumple. Y a partir de ahora todos los mexicanos que les llamen americanos a los estadunidenses, serán convertidos en las Mónica Lewinsky de Bush...
Las buenas lenguas
Veamos la siguiente frase: “Como esta revista sale dos veces al año, es una publicación bienal”. Si sale dos veces al año, ¿debe decirse “bienal” o “bianual”?
CLARO: Bianual: dos veces al año. Porque Bienal significa: cada dos años.
Libro abierto
Lo que todos los jóvenes deben saber sobre las drogas, por Francisco Ochoa. Edit. Instituto Politécnico Nacional. 101 pp. Con caricaturas al estilo Rius, se explica por qué no deben usarse las drogas y la manera en que destruyen al ser humano. Lo interesante es que no se limita a las razones familiares y sociales, sino que se basa en argumentos médicos y científicos para aclarar el daño que causan en el cerebro la mariguana, la cocaína, el tíner y otras drogas.
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